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_______________ Ronald Rojas  _____________

 

            Escribir un poco sobre mi propia vida personal, familiar y vocacional, es hablar de las grandes Gracias que ha impartido Dios a lo largo de mi vida y que muchas veces han pasado desapercibidas o simplemente no he sabido reconocerlas.

 

            Para comenzar quiero hablar de esos seres que me dieron la vida, que gracias a ellos, soy lo que soy hoy en día, mi padre José Arcángel Rojas Peña que es nativo de aquí de Mérida, y mi madre Custodia Borrero de Rojas que es nativa de San Cristóbal, Dios les Bendijo su amor el 21 de febrero de 1976, teniendo de esta manera 4 hijos, los primeros tres, fueron varones, Jairo Nelson y yo; por último una hija cuyo nombre es Nohemi; todos nacimos y nos criamos en parte en Caracas.

 

            Sobre mí puedo decir que nací en el Hospital Miguel Pérez Carreño a las tres de la mañana el 13 de mayo de 1984, día de Nuestra Señora de Fátima además era el día de las madres, al transcurrir los meses mis padres me deciden Bautizar el 24 de diciembre de 1984 en la parroquia San Joaquín y Santa Ana por el Pbro. Juan Cardón, quien ya partió a la casa del Padre.

 

            Al cumplir los cinco años me inscribieron en el preescolar donde estudié un año, y seguí mis primeros grados en esa misma escuela que lleva por nombre Unidad Educativa Nacional República del Ecuador, cursando mis estudios hasta quinto grado. En este tiempo transcurrido, también me fui formando en la vida cristiana, realizando la primera comunión en la misma parroquia donde me bauticé, el Pbro. Andrés me dio este sacramento el 29 de mayo de 1994.

 

            Por cosas de la vida, mis padres deciden venirse a vivir a Mérida, por más seguridad y tranquilidad que ofrecía esta ciudad para aquel momento, al llegar aquí nos ubicamos en Ejido en la comunidad de Mesa Seca, allí comencé a estudiar el quinto grado en la Unidad Educativa Monseñor Duque ubicada en la misma comunidad donde llegamos.

 

Al año siguiente fue un año de Gracia para mí, debido a que recibí el sacramento de la confirmación por manos de Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo el 19 de julio de 1996 en la capilla Nuestra Señora de Coromoto en la Vega, en la parroquia Espíritu Santo, ese mismo año empecé a sentir cierto llamado a la vida vocacional, algo que me impresionó en aquel momento fueron los jóvenes sacerdotes en esta Iglesia merideña, y eso me llamaba la atención al ver una persona joven consagrada a Dios y que vivía su ministerio verdaderamente feliz, es justamente allí donde manifesté que quería entrar al Seminario, pero en ese momento no se podía, ya que sólo estaba terminando el sexto grado, entonces me puse a trabajar como auxiliar de catequista por un año.

 

            Al empezar a estudiar en el liceo San José ubicado en la urbanización Don Luis me fui alejando poco a poco de la parroquia olvidándome de aquel primer llamado, dejé de ser catequista y monaguillo, así me aparté por dos años, de esta manera caí como muchos cristianos, que al realizar el sacramento de la confirmación en vez de acercarnos más a la Iglesia por el compromiso que se hace, nos alejamos más de ella.

 

            Ya cursando el tercer año fui entrando de nuevo en la vivencia de la Eucaristía y de la misma parroquia, entré en el grupo de misioneros que visitaban las casas de todas las comunidades de la parroquia; este grupo era muy variado debido a que habían personas de todas las edades, desde los quince hasta los setenta años, y el menor de todos era yo, esto fue una experiencia distinta porque era algo nuevo, una experiencia entre evangelización y paseo, se compartía mucho en las comunidades, sobre todo en las más lejanas, allí fue despertando de nuevo el llamado vocacional, y decidí entrar al Seminario menor haciendo el proceso vocacional, luego realicé el cursillo donde fui admitido.

 

            El 22 de septiembre de 1999 ingreso a estudiar en el Seminario menor, esta fue otra experiencia totalmente nueva, el vivir en una comunidad fue justamente lo que más me costó, estaba acostumbrado a tener una vida un poco privada y una familia pequeña ya que mis dos hermanos mayores no vivían en la casa, y llegar a convivir con veintitrés personas no era nada fácil para mí.

 

Recuerdo en estos momentos el día en que entramos en el Seminario menor, cuyo curso lo formábamos 13 personas, de los cuales poco a poco fueron partiendo de esta casa de formación y nunca más supe de ellos, de este pequeño grupo solo tres hasta ahora hemos perseverado el llamado a la vocación y eso con la ayuda de Dios, porque también en algún momento de nuestra formación pensamos en retirarnos frente a las dificultades que se presentaban, uno de ellos es Jhon Emir que se retiró un año pero este semestre volvió a entrar al seminario, por eso se me viene a la mente la lectura del día de hoy “si lo que se proponen y están haciendo es de origen humano, se acaba por sí mismo. Pero si es cosa de Dios no podrán ustedes deshacerlo”, (He 5,38-40); el otro compañero con quien comencé aquella tarde es y ha sido mi amigo, y ahora mi hermano Ramón Paredes que hasta el momento hemos caminado juntos hasta el día de hoy, una vez una persona me dijo “hermanos que no pelean no son hermanos”, más que pelear digo diferencias que siempre existen porque no todos somos iguales, pero las dificultades con el tiempo nos hacen reflexionar y ser más comprensivos y humanos, tenemos caídas pero el Señor nos invita a levantarnos y caminar junto a Él.

 

            La formación en el Seminario menor me ayudó a crecer en muchas dimensiones sobretodo en la espiritual y en la humana, agradezco en este momento los consejos del Hermano Jerez que me ayudaron mucho.

 

            El 29 de septiembre de 2001 empecé los estudios en el Seminario mayor, en cuya rectoría se encontraba el padre Contreras, mis estudios de filosofía fueron de gran agrado, reconozco que no todo es color de rosa, pero los dificultades que se le presentan a uno a lo largo del camino hay que saberlas llevar, y al mirar hacia atrás puedo notar que esos obstáculos han sido muy pequeños, y he llegado a deducir que se pierde tiempo dándole mucha importancia, por eso agradezco a los directores espirituales que me han sabido ayudar en el momento oportuno, al padre Gerardo Salas, al padre Martín Solano y en especial al padre Alejo que ya no se encuentra físicamente entre nosotros pero sé que siempre me ha acompañado desde el cielo.

 

            Las experiencias de las misiones y de la pastoral siempre me han ayudado en mi crecimiento humano, espiritual y vocacional, tres de ellos recuerdo con gran cariño, el hospital que trabajé en dos oportunidades, en el menor cuando cursaba quinto año y en tercero de filosofía durante un semestre, la misión no era nada fácil, el poder llevar un poco de alegría por medios de cantos, acompañamiento personal y palabras de aliento, en aquellos momentos donde se piensa sólo en el sufrimiento; la pastoral de la cárcel fue otra que realicé en I de teología, confieso que cuando me asignaron no quería ir, en estos momentos no se que me pasaba por la mente, porque fue la pastoral que me ayudó a ver el sufrimiento de Cristo en las personas que se encuentran allí, personas que han tenido caídas pero que Dios también las ama a pesar de todo, en ese momento comprendí las palabras de Jesús “no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”; la teología a distancia en Santa Cruz de Mora fue la otra pastoral que me hizo ver la realidad de una parroquia, la catequesis, la formación litúrgica, la preparación de clases que era la que más me costaban debido a la cantidad de preguntas que surgían en clases, esto me obligaba a preparar bien el tema.

 

            En el 2004 empecé los estudios de teología, ya finalizando el año recibo la Admisión a las Sagradas Órdenes por Mons. Baltazar E. Porras el 27 de mayo de 2005 en la capilla del Seminario, en el año 2005 asume la rectoría el Padre Alexander Rivera, exactamente a los dos años de haber recibido la admisión a las Sagradas Órdenes recibo el ministerio del lectorado el 27 de mayo de 2007 día de pentecostés por Mons. Luis Alfonso Márquez en la catedral de Mérida; y el 8 de de diciembre de 2007 día de la Inmaculada recibí también el ministerio del acolitado en la catedral por Mons. Baltazar Porras.

 

            Hay un refrán que dice al comienzo “llegan sin conocerse…”, y eso lo veo en la vida de Seminario no sabemos antes de entrar con quién nos vamos a encontrar, pero al llegar uno conoce muchas personas, agradezco a Dios por mi curso y los amigos que he hecho aquí, algunos ya han egresado de esta casa como lo son el padre Elvis Cabarcas y el diácono Jean Quintana, que se convirtieron para mí en unos hermanos que conocí en esta casa

 

            La vida parroquial del Espíritu Santo también ha sido una ayuda vocacional más aún en estos dos últimos años, donde he sentido la parroquia como una familia que me ha ayudado a crecer cada día más y me ha dado la alegría de ir viviendo cada uno de los ministerios que he recibido, agradezco también en este momento al Padre Leonardo, quien me ha motivado vocacionalmente y me ha hecho ver que el ministerio se debe vivir con alegría, acompañando siempre a las personas en todo momento, teniendo siempre presente que el que llama es Dios, y es a Él a quien hay que responder.

 

            Esto ha sido un poco de las abundantes Gracias que el Señor ha derramado sobre mí, hay más, pero creo que estas son las más resaltantes, por eso ya al finalizar quiero hacer mía las palabras del apóstol Pablo “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp4,13)

 

Ronald José Rojas Borrero

IV de Teología

Abril 2008

 

 

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