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_______________ José Juan _________________

 

Nací el 27 de marzo, viernes santo, de 1970: hijo de  Eliodoro Flores Vega y Rosa María Molina Angulo: en un humilde hogar muy católico, en la comunidad de El Bordo, fui Bautizado el 19 de abril de 1970. Los padrinos: Jacinto Alberto Uzcátegui Molina y Teresa Trinidad Angulo de Uzcátegui, el ministro: Ángel Sánchez, la Confirmación la recibí de Monseñor: Ángel Pérez Cisneros el 27 de febrero de 1972.

 

La primera comunión la recibí 8 de diciembre 1978; de este tiempo en adelante mi mamá y mi papá se preocuparon porque fuera a misa y me confesara con frecuencia, me enseñaron el rosario y todos los días lo rezábamos, este hábito se lo debo a mis padres.

 

Un buen día llegó mi papá del pueblo y estábamos comiendo cuando me dijo, que si me gustaría ser sacerdote, no le respondí porque no entendía a qué se refería. Cuando tenía 17 años fue un sacerdote a celebrar en mi casa y mi papá le hizo el comentario que si yo podría ir al seminario, el padre me preguntó qué grado tenía; cuando le dije que tenía sexto me dijo que ya era muy viejo y que en el seminario los recibían de cuarto o quinto año, lo que él dijo yo no lo tomé en cuenta

 

Después de esto vinieron los padres Redentoristas y fui con ellos e hice una convivencia, pero igual me dijeron, que tenía que estudiar y cuando tuviera quinto año fuera y siguiera con ellos. Cuando regresé me fui para Tovar, donde estaba el padre Ramón Flores y le comenté lo que me pasaba me animó a seguir estudiando.

 

En este tiempo cambiaron al padre de Mesa Bolívar y llegó el Padre Iván Pineda hablé con él y me animó, también por estos días venía de visita pastoral Monseñor Miguel Antonio Salas y le expliqué mi situación; me dijo que viniera hacer una convivencia y que entraba como portero del palacio y estudiaba de noche; así lo hice, empecé a estudiar desde primer año hasta tercer año en Libre Escolaridad. Y cuarto y quinto año en seminario menor: mis compañeros de curso el hoy Padre Cesar Serrano, el Padre Horacio y el Padre Yan Darwin, esta experiencia en el menor fue muy fructífera ya que conté con el hermano Evaristo Jerez el cual me ayudó y me sigue ayudando en mi formación. Estando aún de portero murió mi papá.

 

Al comenzar en el Seminario Mayor, estudié el primer semestre y me retiré el 10 de marzo de 1995; estuve fuera hasta el 4 de octubre de ese año y volví, porque ahora estaba más seguro de que esto era mi vida, pero en diciembre de ese año fui de misiones con el Padre Alexander Rivera, a la comunidad de Mocotoné en Mucuchachi; estando de Párroco el Padre Jorge Iberio Peña. Cuando regresé a mi comunidad el señor Ángel Merchán, mi amigo, habló conmigo y me dijo que está bien lo que hacía, pero que mi responsabilidad inmediata era mi mamá y mis hermanos menores.

 

El 4 de enero del 1996 vine y hablé en aquel entonces con el Padre Luis Alfonso Márquez: rector del Seminario y con el hermano Evaristo Jerez; que me aconsejaron que yo tenía vocación que no me fuera pero ya había tomado mi decisión de irme a ayudar en mi casa; desde aquí pasaron 7 años, estuve 5 en mi casa trabajando y además trabajé como jornalero en una finca, pero me faltaba algo, no me sentía bien.

 

Decidí irme para Caracas a trabajar, sólo me acompañaban 1000 bolívares y muchas ganas de seguir luchando; con amigos de la comunidad y mi tío Ramón pude conseguir trabajo en una panadería, trabajé un mes y me tocó dejarlo porque no podía seguir donde estaba hospedado, conseguí otro trabajo donde me iba bien, lo bueno era que estaba solo y podía pensar mucho.

 

Un buen día la dueña donde trabajaba me prestó un libro, yo había hablado con ella sobre la experiencia en el Seminario; el libro es “El Alquimista” de Pablo Cohelo y leí una frase que me impresionó: “cuando uno quiere algo hasta la naturaleza lucha para que uno lo consiga”. Esto me ayudó a reanudar mi lucha por hacer lo que me gustaba  de verdad, decidí volver al Seminario. Llamé al padre Eduardo Contreras rector para este entonces y me dijo que me viniera.

 

Mi hermana se había graduado para este entonces pero aún no tenía trabajo, le salió la oportunidad de ingresar a la academia militar, y me dijo: “¿Quién me puede ayudar en la ciudad?, no tengo a más nadie que a Dios y a ti, tienes que ayudarme mientras puedo ganar dinero”, yo no le dije que yo había llamado para el Seminario, le dije que estaba bien: llamé al padre Eduardo para decirle lo que me había pasado que no podía venirme ese año, que venía el año próximo y gracias a Dios así fue.

 

Cuando llegué me dijeron que tenía que repetir el primer semestre y claro lo acepté porque uno en la calle trabajando duro, no le queda tiempo más que de trabajar.

 

Al inicio fue un poco duro, el desánimo llegaba pero allí siempre estaba Dios y los buenos consejos del hermano mi acompañante espiritual. Recuerdo recién llegado un profesor  me preguntó que cómo me sentía, y le dije realizado, porque aunque estoy empezando me siento como si ya lo hubiese logrado, porque había vuelto la felicidad a mí, las ganas de gastarme sin limitaciones porque hacía lo que me hace feliz. En este nuevo curso además de los compañeros trujillanos, Denny Terán de Guanare, estaban Ramón Paredes y Ronald Rojas de esta arquidiócesis, a ellos les debo grandes favores, son mis amigos.

 

Terminando tercer año de filosofía se abrió la oportunidad en la Unica para estudiar y lo quería hacer, pero, ¿Cómo si no tengo dinero?. Sin tener nada, busqué todos los papeles y el último día de inscripción le dije, al hoy Padre Elvis, que yo quería estudiar pero sentía impotencia porque, no tenía como hacerlo y me dijo “preste plata viejo y te inscribes que nada te va hacer falta”, subí corriendo del desayuno busque dinero prestado y me inscribí y empezó la lucha con las materias de la Universidad y las del Seminario y en las dos partes nos pedían buenas notas, “carajo” y había días que quería dejar eso, pero nos animábamos entre los compañeros y seguíamos hasta que gracias a Dios conseguimos graduarnos, si sentí mucha alegría, pero me falta por lo que de verdad ha sido el motivo de mi vida que es mi vocación, por lo que todo tiene sentido y es la plenitud de mi felicidad donde quiero dar todo lo que soy, por hacerlo bien con la ayuda de Dios.

 

En primer año de teología se da un acontecimiento en mi vida muy significativo recibí la Admisión a las Órdenes Sagradas, el 27 de mayo de 2005, fue conferida por Monseñor Baltazar Enrique Porras Cardozo, en la Capilla del Seminario. Este paso reanudó el entusiasmo en mi vocación.

 

El 27 de mayo del 2007 hay otro momento especial en mi vida porque este día pude recibir gracias a Dios el Ministerio del Lectorado de manos de Mons. Luís Alfonso Márquez Molina, esto despertó en mí el compromiso cada vez más cercano, y el 8 de diciembre del 2007 tuve la gracia de poder recibir el ministerio del Acolitado de manos de Mons. Baltazar E. Porras Cardozo en la Catedral de Mérida.

 

Por tal motivo quiero dar infinitas gracias a Dios por haber sido tan bondadoso conmigo, porque todo lo he recibido gracias a su infinita misericordia. Cada uno de los momentos más importantes de mi vida están marcados por las huellas de la misericordia de Dios. A él debo lo que he podido lograr en mi vida.

 

 

Por favor contacta a: aamerida@cantv.net portalarq2004@yahoo.com

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